Capítulo 72. Cosas inesperadas
La luz de la luna entraba por la ventana, dibujando sombras suaves sobre las paredes del pequeño apartamento de Leiah. La ciudad parecía respirar tranquila allá afuera, como si París misma reconociera que esas semanas habían sido de reconstrucción y calma. Leiah estaba en la cocina, moviendo con delicadeza la tetera sobre la estufa, mientras un aroma a manzanilla y menta comenzaba a llenar la habitación. Su cabello rubio caía sobre sus hombros con libertad, y cada vez que levantaba la mirada le