Capítulo 25. Una suplica
Leiah estaba sentada en la mesa del comedor, con las manos cruzadas sobre las piernas, los nudillos tensos, como si con eso pudiera aferrarse a su última pizca de dignidad. Frente a ella, Marcus hablaba sin pausa, extasiado por su propio discurso.
—Mi madre quiere que la boda sea algo refinado —decía—. Bocadillos franceses, cuarteto de cuerdas, arreglos con orquídeas... En tonos marfil, eso es elegante. El blanco ya está pasado de moda, ¿no te parece?
Ella no respondió. Solo asintió con la cabe