La noche en el territorio de la manada no volvió a ser un refugio. El silencio que se extendía sobre las hectáreas de bosque no era paz; era el silencio de un depredador que contiene el aliento antes de saltar. La sensación de amenaza se había instalado en las vigas de la casa principal, filtrándose por las rendijas como un humo negro que nadie podía ver, pero que todos podían oler.
Kael no durmió. Su cuerpo permaneció en la cama, una montaña de músculo y tensión al lado de Lía, pero su mente e