El regreso al núcleo del territorio no tuvo la fanfarria de una victoria, ni el alivio de una crisis superada. Fue un desfile de sombras. El silencio que envolvía a la manada mientras caminaban de regreso a la mansión era tan denso que parecía una entidad física, una niebla que se pegaba a la piel y dificultaba la respiración. Los centinelas, hombres y mujeres entrenados para enfrentar la muerte sin parpadear, evitaban rozar siquiera la ropa de Lía.
Lo habían visto. No era un cuento de viejas,