La reunión en el gran salón había terminado, pero la calma no regresó al territorio de la manada. Al contrario, el aire se sentía más cargado que antes, saturado con una electricidad estática que hacía que los lobos se movieran con una rigidez antinatural. Las palabras de Kael habían impuesto un cierre oficial a la discusión, pero las palabras, por muy poderosas que sean, no pueden tapar el olor del miedo. Y en una comunidad de depredadores, el miedo huele a sangre antes incluso de que la prime