La invitación no fue una sugerencia, ni mucho menos una formalidad de cortesía. En el mundo de los Alfas, una cena con el linaje anterior era un examen de sangre, alma y temple. Cuando Kael le mencionó que esa noche cruzarían el umbral de la propiedad de sus padres, Lía no escuchó una invitación; escuchó el rugido silencioso de una responsabilidad que estaba a punto de volverse absoluta.
No era una reunión cualquiera. Era la presentación oficial ante los cimientos sobre los que se había constru