El territorio no se sentía igual aquella mañana. El sol parecía brillar con una intensidad distinta, filtrándose entre las coníferas con una luz que ya no resultaba amenazante. Pero Lía sabía que el bosque no había cambiado; era ella quien lo había hecho.
Al cruzar el umbral de la casa principal, Lía sintió el peso del aire. Ya no era la atmósfera cargada de sospecha que la había recibido semanas atrás. Ahora, el viento transportaba un mensaje claro: ella era parte del núcleo. Lo notó en los ce