La noche había caído, pero el descanso no llegó con ella.
Lía estaba despierta.
Otra vez.
No sabía exactamente qué la había despertado… pero sí sabía por qué no podía volver a dormir.
Zyra.
No estaba inquieta.
No estaba agresiva.
Estaba… alerta.
—Hay algo aquí —susurró dentro de ella.
Lía abrió los ojos lentamente, mirando el techo de la habitación. La oscuridad no era total; la luz de la luna se filtraba por la ventana, dibujando sombras suaves en las paredes.
Pero no era eso lo que le erizaba