Mundo ficciónIniciar sesiónEl error no fue rechazarla.
Eso fue lo correcto. Eso era lo que un Alfa debía hacer. Eso era lo que Kael se repitió por tercera vez esa noche… mientras caminaba de un lado a otro dentro de su territorio, con la mandíbula tensa y las manos apretadas, como si su propio cuerpo se negara a aceptar esa lógica que su mente intentaba imponerle. El error… Fue no poder dejar de pensar en ella. Se detuvo en seco. Exhaló lentamente. —Esto es ridículo… Pero no lo era. Porque la sensación no desaparecía. Esa incomodidad. Esa presión constante en el pecho. Ese malestar que no sabía explicar… pero que no podía ignorar. Algo no está bien. Y no tenía nada que ver con el rechazo. O eso intentaba convencerse. — —Te estás desgastando. La voz lo sacó de su mente. Nyra apareció apoyada contra uno de los pilares de madera, observándolo con esa calma calculada que siempre la caracterizaba, como si ya supiera exactamente lo que estaba pasando… incluso antes de que él lo admitiera. Kael no la miró de inmediato. —Estoy bien. Mentira. Los dos lo sabían. Nyra sonrió levemente. —Claro. Se separó del pilar y caminó hacia él con pasos suaves, medidos, deteniéndose lo suficientemente cerca como para invadir su espacio… pero no lo suficiente como para que él reaccionara de forma agresiva. Estrategia. Siempre estrategia. —La rechazaste —continuó—. La manada está tranquila. Todo sigue en orden. Una pausa. —Entonces… ¿qué es lo que te inquieta? Kael apretó la mandíbula. No respondió. Porque no tenía una respuesta clara. Solo… Sensaciones. Fragmentos. Recuerdos. La forma en que Lía lo miró. No fue súplica. No fue dolor. Fue… Otra cosa. — No parecía rota… Ese pensamiento lo irritó. —No es asunto tuyo —dijo finalmente, con un tono más cortante de lo que pretendía. Nyra no se ofendió. Al contrario… Eso confirmó algo para ella. —Te equivocas —respondió suavemente—. Todo lo que afecta al Alfa… es asunto mío. Sus ojos se encontraron. Y por un segundo… El ambiente cambió. — Pero Kael apartó la mirada primero. — —Ya está hecho —dijo—. No hay nada más. Nyra lo observó en silencio. Y luego… Sonrió. Pero esta vez… No fue una sonrisa agradable. — —Eso crees. — Mientras tanto… Lejos de ahí… Lía no había regresado. No podía. No aún. Su cuerpo estaba apoyado contra el tronco de un árbol, sus ojos abiertos pero perdidos en algún punto indefinido, mientras su respiración se mantenía estable… demasiado estable para alguien que acababa de enfrentarse a algo así. Pero por dentro… Todo había cambiado. — Respira… La voz dentro de ella era más clara ahora. Más presente. No era un susurro distante. Era… Constante. — —Estoy respirando… —respondió en voz baja. Un segundo de silencio. — No como antes. — Eso la hizo fruncir ligeramente el ceño. Y entonces lo notó. Su pulso. Su ritmo. Su cuerpo. Todo estaba… sincronizado. Controlado. Como si algo dentro de ella estuviera regulando cada reacción… cada emoción… cada impulso. — Esto no es normal… Pero tampoco se sentía mal. — Es mejor. — Esa respuesta… No le pertenecía del todo. Y sin embargo… No la rechazó. — Cerró los ojos lentamente. Y dejó que esa sensación la recorriera. — No había miedo. No había dolor. — Había poder. — Y eso… La hizo sonreír. Apenas. Pero fue real. — ¿Esto soy ahora…? — Esto siempre fuiste. — Sus ojos se abrieron de golpe. — —No… —susurró, pero no con miedo… Con duda. — Porque una parte de ella… Lo creía. — — De regreso en la manada… El ambiente no era el mismo. Aunque nadie lo decía abiertamente… Todos lo sentían. — Algo había cambiado. — Los murmullos eran bajos. Las miradas… constantes. — Y en el centro de todo eso… Estaba la ausencia. — Lía. — —Aún no regresa. Kael levantó la mirada hacia uno de los guardias que acababa de hablar, su expresión endureciéndose apenas, aunque por dentro algo más reaccionaba. Algo más inmediato. — ¿Por qué no ha vuelto? — —No es nuestro problema —respondió, frío. Pero esa respuesta… No convenció a nadie. Ni siquiera a él. — Nyra lo observó desde la distancia. En silencio. Analizando cada microexpresión. Cada tensión. Cada segundo en el que él dudaba… aunque fuera mínimamente. — Te está afectando más de lo que debería… Y eso… Era una oportunidad. — — El bosque… La noche… El silencio… — Lía finalmente se puso de pie. — Pero no fue la misma que cayó de rodillas horas atrás. — Su postura era distinta. Más firme. Más… segura. — Su mirada… Más fría. — —Vamos —murmuró. — ¿A dónde? — Una pausa. — Y entonces… Sonrió. — —A casa. — Pero en su tono… No había inocencia. — — Cuando cruzó el límite del territorio… Lo sintió. — Una descarga. — Como si todo reaccionara a su presencia. — Los guardias la vieron. Y por un segundo… Dudaron. — Porque esa chica… No era la misma. — Lía caminó sin detenerse. Sin mirar a nadie. Sin bajar la cabeza. — Y eso… No pasó desapercibido. — Kael la vio. Desde la distancia. — Y algo en su pecho… Se tensó. — Porque sí… Era ella. — Pero no lo era. — ¿Qué le pasó…? — Ella levantó la mirada. Y sus ojos se encontraron. — Silencio. — Ese instante… Se alargó más de lo normal. — Y por primera vez… Kael sintió algo que no esperaba. — No fue atracción. — No fue ira. — Fue… Incertidumbre. — Porque en la mirada de Lía… No había dolor. — No había rastro del rechazo. — No había debilidad. — Había algo más. — Algo que… No podía controlar. — Y eso… Eso sí era un problema. — Lía inclinó apenas la cabeza. Un gesto sutil. Casi imperceptible. — Pero cargado de significado. — Y luego… Desvió la mirada. — Y siguió caminando. — Como si él… No importara. — — Kael se quedó inmóvil. — ¿Qué demonios fue eso…? — Y por primera vez desde que se convirtió en Alfa… Sintió que algo… Se le estaba escapando de las manos.






