Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl aire se volvió más denso.
No era una sensación normal. No era miedo. Era algo más primitivo. Más profundo. Algo que no nacía en la mente… sino en la sangre. Lía lo sintió recorriéndola lentamente, como una corriente cálida que subía desde su pecho hasta su garganta, obligándola a respirar más despacio, más controlado… como si su propio cuerpo estuviera preparándose para algo que aún no entendía. Pero lo que más la perturbó… Fue que no quería retroceder. ¿Qué me pasa…? La criatura frente a ella inclinó la cabeza ligeramente, observándola con una curiosidad que resultaba inquietante… casi fascinada. —No huyes… —murmuró, con una voz que parecía arrastrarse entre las sombras—. Interesante. Lía tragó saliva, pero no bajó la mirada. No podía. Era como si algo dentro de ella se negara. —No sé qué eres… —respondió, su voz más firme de lo que esperaba—… pero tampoco me conoces a mí. El silencio que siguió… Fue pesado. La criatura sonrió. Y esa sonrisa… No era humana. —Oh… sí lo hago. Un paso más cerca. El crujido de una rama bajo su pie resonó demasiado fuerte en el silencio del bosque. —Puedo olerlo… —continuó—. Puedo sentirlo. El corazón de Lía latió con fuerza. Pero no retrocedió. —Eso dentro de ti… —sus ojos brillaron con un destello oscuro—… no pertenece a este mundo. Un escalofrío recorrió su espalda. Pero esta vez… No fue de miedo. Fue de reconocimiento. No pertenece… Las palabras se quedaron clavadas en su mente. Y por primera vez… Una idea peligrosa tomó forma. Entonces… ¿qué soy? — Su respiración se volvió más profunda. Más lenta. Más… consciente. La presión en su pecho regresó. Pero ahora no dolía. Ahora se expandía. Como si algo dentro de ella estuviera despertando completamente… estirándose… tomando su lugar. La criatura dio otro paso. —Deberías estar muerta —dijo con una calma aterradora—. Ese poder… destruye a quien lo lleva. Lía apretó los dientes. —Pues parece que no soy cualquiera. La criatura soltó una risa baja. Grave. —No… no lo eres. Y eso… No sonó como algo bueno. — Aléjate… La voz dentro de ella regresó. Más urgente. Más presente. Él no es como los otros… Los ojos de Lía parpadearon apenas. ¿Quién eres tú…? Silencio. Por un segundo… Pensó que no habría respuesta. Pero entonces— Soy lo que ahora eres. Su respiración se cortó. — La criatura ladeó la cabeza, como si notara el cambio en ella. —Ah… ya la escuchas. El cuerpo de Lía se tensó. —¿De qué hablas? Pero en el fondo… Ya lo sabía. —No estás sola en ese cuerpo —susurró—. Nunca lo estuviste. Un paso más. Demasiado cerca. El instinto gritó. Pero su cuerpo… No se movió. — No le muestres debilidad. La voz interna fue firme. Autoritaria. Diferente. Y Lía… obedeció. Le sostuvo la mirada. Sin parpadear. Sin temblar. — Por primera vez… La criatura dudó. Solo un segundo. Pero fue suficiente. — Bien… La voz dentro de ella pareció… satisfecha. — —Interesante… —murmuró la criatura, retrocediendo apenas—. Muy interesante. Pero su mirada cambió. Ya no era curiosidad. Era cálculo. — Te está evaluando… —Lo sé —susurró Lía, sin darse cuenta de que había hablado en voz alta. La criatura sonrió de nuevo. —Entonces entiendes el peligro en el que estás. Lía no respondió. Pero su mente ya estaba trabajando. Rápido. Frío. Distinto. — No soy la misma… Y por primera vez… No lo sintió como algo negativo. — —Si viniste a matarme… hazlo —dijo finalmente, levantando el mentón apenas—. Pero deja de hablar. El silencio explotó entre ellos. — La criatura la observó fijamente. Y luego… Rió. —No… aún no. Un paso atrás. Luego otro. —Eres más útil viva. Esas palabras… No le gustaron. — —Pero recuerda esto, pequeña anomalía —añadió, su voz volviéndose más oscura—… todos van a venir por ti. El viento se levantó de repente. Las hojas se agitaron. Las sombras se movieron. —Y cuando lo hagan… Sus ojos brillaron intensamente. —No tendrás idea de cómo controlarlo. — Y entonces… Desapareció. — El silencio regresó. Pero no fue el mismo. — Lía se quedó inmóvil. Su respiración desordenada. Su mente… en caos. Pero en medio de todo eso… Había algo claro. Algo firme. — No estoy en peligro… Una pausa. Ellos lo están. — Sus propios pensamientos la hicieron detenerse. —¿Qué…? Eso no sonaba como ella. No completamente. — Acepta lo que eres. La voz interna fue suave esta vez. Casi… envolvente. — Lía cerró los ojos por un segundo. Solo uno. Pero fue suficiente. — Cuando los abrió… Había algo diferente en su mirada. Algo más oscuro. Más decidido. — —Entonces… —susurró—… enséñame. — El bosque no respondió. Pero algo dentro de ella… Sí lo hizo. —






