Capítulo 2: Lo que despertó

El bosque no estaba en silencio.

Nunca lo estaba.

Pero esa noche… Lía no escuchaba nada.

Ni el crujir de las ramas.

Ni el viento rozando las hojas.

Ni siquiera su propia respiración.

Todo estaba… apagado.

Como si algo dentro de ella hubiera desconectado el mundo exterior, obligándola a quedarse sola con lo único que no podía ignorar.

Ella misma.

Sus manos seguían apoyadas contra la tierra húmeda, sus dedos tensos, enterrándose ligeramente en el suelo como si eso pudiera darle estabilidad, como si pudiera anclarse a algo real… porque en ese momento, todo dentro de ella se sentía inestable, extraño… peligroso.

No soy la misma…

El pensamiento llegó sin aviso.

Y no lo rechazó.

Porque era verdad.

Podía sentirlo.

No era solo el dolor del rechazo.

No era solo la humillación.

Era algo más.

Algo que había despertado en el mismo instante en que Kael dijo esas palabras.

“La rechazo.”

Su pecho se apretó de nuevo.

Pero esta vez…

No lloró.

Algo dentro de ella no lo permitió.

En su lugar, esa presión regresó.

Más fuerte.

Más clara.

Más… presente.

—¿Qué eres…? —susurró, su voz apenas audible, como si temiera que algo —o alguien— pudiera responderle.

Y por un segundo…

Pensó que lo haría.

Un escalofrío recorrió su espalda lentamente, erizando su piel, haciendo que su respiración se detuviera apenas, como si su cuerpo estuviera esperando… escuchando… anticipando algo que aún no terminaba de comprender.

No estás sola…

El pensamiento no sonó como suyo.

Y eso la hizo tensarse de inmediato.

Sus ojos se abrieron con más fuerza, su cuerpo reaccionando con alerta, mirando a su alrededor como si esperara ver a alguien entre las sombras.

Pero no había nadie.

Solo oscuridad.

Solo el bosque.

Solo ella.

—No… —negó en voz baja, llevando una mano a su cabeza como si pudiera callar esa sensación, como si pudiera recuperar el control—… esto no es real…

Pero lo era.

Porque seguía ahí.

Esa presencia.

Esa sensación de que algo dentro de ella… estaba consciente.

Y eso…

Eso la asustó.

Mientras tanto…

A lo lejos…

Kael no se había movido del claro.

La manada ya se había dispersado, los murmullos desapareciendo poco a poco, llevándose con ellos el eco de lo que acababa de pasar. Pero él seguía ahí, inmóvil, como si su cuerpo no hubiera recibido la orden de avanzar… o de irse.

Sus ojos estaban fijos en el punto donde Lía había estado.

Y su expresión…

Era imposible de leer.

Fue lo correcto.

El pensamiento fue automático.

Frío.

Racional.

Lo que un Alfa debía hacer.

Pero no fue suficiente.

Porque algo no encajaba.

Algo en la forma en que ella reaccionó…

No fue normal.

No fue débil.

No fue lo que esperaba.

Y eso…

Lo inquietó.

—Kael.

La voz lo sacó de sus pensamientos.

Nyra.

Su presencia fue silenciosa, pero firme, acercándose con la confianza de alguien que sabía exactamente dónde estaba parada… y lo que quería.

—Hiciste lo necesario —añadió, observándolo de lado, analizando su reacción con una atención que no era casual.

Él no respondió de inmediato.

—No había otra opción —dijo finalmente.

Verdad.

Pero incompleta.

Nyra sonrió apenas.

—Claro que no.

Pero sus ojos…

No estaban de acuerdo del todo.

De vuelta en el bosque…

Lía logró ponerse de pie, aunque sus piernas no respondían con la firmeza de siempre. No era debilidad física… era otra cosa. Era como si su cuerpo aún estuviera adaptándose a algo nuevo, algo que no terminaba de encajar del todo dentro de ella.

Cada paso se sentía distinto.

Más pesado.

Pero también…

Más firme.

Esto no es normal…

Pero tampoco quería que lo fuera.

Esa idea la detuvo por un segundo.

—¿Qué me pasa…? —murmuró, más para sí misma que para obtener una respuesta.

Pero la respuesta…

No llegó en palabras.

Llegó en sensación.

La misma presión.

La misma presencia.

Más cercana.

Más clara.

Y esta vez…

No se sintió como una amenaza.

Se sintió como poder.

Su respiración se detuvo un instante.

No…

Pero no se apartó.

No la rechazó.

Porque una parte de ella…

No quería hacerlo.

Un ruido rompió el momento.

Seco.

Cercano.

Su cuerpo reaccionó de inmediato, girándose en dirección al sonido, sus sentidos activándose con una claridad que no había tenido antes. Su pulso se aceleró, pero no por miedo…

Por anticipación.

—¿Quién está ahí?

Silencio.

Pero no vacío.

Había algo.

Podía sentirlo.

Esa misma sensación de antes…

Pero diferente.

Más externa.

Más peligrosa.

Las sombras se movieron.

Y esta vez…

No fue su imaginación.

Lía dio un paso atrás.

Luego otro.

Su respiración se volvió más lenta, más controlada, aunque su corazón seguía golpeando con fuerza contra su pecho.

No estoy sola…

Pero esta vez…

No era la voz interna.

Era real.

Una figura emergió entre los árboles.

Alta.

Oscura.

Distorsionada.

No era completamente humana… pero tampoco completamente bestia.

Y sus ojos…

Estaban fijos en ella.

—Así que tú eres…

La voz fue baja.

Rasposa.

Antinatural.

—La que despertó.

El aire se volvió más pesado.

Lía no respondió.

Pero tampoco huyó.

Y eso…

Eso fue nuevo.

Debería correr…

Pero no lo hizo.

Porque algo dentro de ella…

No quería hacerlo.

La criatura sonrió.

Lentamente.

—Puedo sentirlo… —añadió, dando un paso más cerca—… eso dentro de ti…

Su cuerpo se tensó.

La presión aumentó.

Pero esta vez…

No dolió.

Ardió.

No le temas…

La voz interna regresó.

Más clara.

Más firme.

Los ojos de Lía brillaron apenas.

Y por primera vez…

No fue por miedo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP