El cambio no llegó de golpe.
No fue una explosión, ni un instante claro donde todo se transformó.
Fue más sutil.
Más constante.
Más… inevitable.
Lía lo sintió esa noche, cuando el silencio cubría el territorio y la mayoría de la manada descansaba. Acostada, con los ojos abiertos en la oscuridad, percibía cosas que antes pasaban desapercibidas. El leve movimiento del viento contra las estructuras, los pasos lejanos de alguien que aún estaba despierto, incluso el ritmo irregular de su p