La energía no la golpeó.
La envolvió.
Como si la reconociera.
Como si hubiera estado esperándola durante demasiado tiempo.
Lía no abrió los ojos de inmediato. Su respiración se volvió más lenta, más profunda, mientras esa fuerza recorría su cuerpo sin pedir permiso… pero sin lastimarla. No era invasiva. No era agresiva.
Era íntima.
Demasiado.
Como si algo la tocara desde dentro, deslizándose por cada rincón de su ser, explorando, despertando, recordándole partes de sí misma que ni siquiera sabí