El beso no terminó de golpe.
Se fue rompiendo.
Lento.
Como si ninguno de los dos quisiera soltar… pero tampoco supiera cómo quedarse.
El aire entre ellos quedó cargado, denso, con ese calor que no desaparece de inmediato, que se queda pegado a la piel, a la respiración, a los pensamientos.
Lía no se apartó enseguida.
Tampoco Kael.
Sus frentes quedaron cerca, apenas separadas, sus respiraciones aún desordenadas, sus cuerpos todavía alineados como si no hubieran terminado de entender que a