22. Un descuido tuyo y mío
Indra.
Solté la risa nerviosa más larga de mi vida sintiéndome demasiado apenada de pronto.
Madre mía.
Fausto me alzó una ceja. Lo mire intentar controlar su enorme sonrisa bajo la seria mueca.
El resto de las camionetas de Fausto se alineó cuando anduvimos sobre la avenida de nuevo.
Mi iPhone comenzó a sonar con noticias de mis amigos. Pero pos supuesto no me atreví a contestar las llamadas.
—Estoy pensando seriamente en hablar con Iván acerca de tu comportamiento— Fausto me dijo inocentem