23. El peligro no exenta a los peligrosos
Fausto.
Solté un bostezo después de escuchar al árabe explicarme a detalle el traslado de armamento que se iba a hacer desde El Salvador hasta el aeropuerto de Guadalajara.
Subí las piernas al escritorio de cristal en la oficina que también me pertenecía.
Luego me desabroche los dos primeros botones de mi camisa para poder sentir menos presión en mi pecho.
Aunque mi inconsciente estaba seguro que esto no me iba a alivianar el estrés de hoy en día.
—Vladimir me dijo que los micro detonantes ha