52. A donde vamos cuando todo está perdido
Indra.
Los balazos reventaron por todos lados de pronto.
No pude controlar el grito que salió dentro de lo profundo de mi corazón.
Dante me lanzó al suelo en medio de la lluvia y de las luces antinaturales que nos señalaban como si fuéramos animales a la espera de ser atrapados.
Mi cuerpo se arrastró hacia él, intentando estar consciente del infierno a mi alrededor. Pero esto debía de ser una maldita pesadilla. No era real.
De reojo miré a Vladimir golpear el rostro de César a puño cerrado. Una y otra vez. Sus ojos parecían estar llorando. Pero Vladimir no lloraba. No.
No comprendí los horrorosos gritos de Vladimir en ruso hacia César. Solo pude notar a mi hermano desesperado intentando que el desquiciado hombre soltara al maldito César.
Yo entendía los ademanes de Emiliano.
Teníamos que irnos. Teníamos que huir.
—Amor, muévete —le susurré a Fausto cuando finalmente pude llegar a él. Tome sus brazos con mis temblorosas manos para hacerlo reaccionar.
La cantidad de sangre que s