52. A donde vamos cuando todo está perdido
Indra.
Los balazos reventaron por todos lados de pronto.
No pude controlar el grito que salió dentro de lo profundo de mi corazón.
Dante me lanzó al suelo en medio de la lluvia y de las luces antinaturales que nos señalaban como si fuéramos animales a la espera de ser atrapados.
Mi cuerpo se arrastró hacia él, intentando estar consciente del infierno a mi alrededor. Pero esto debía de ser una maldita pesadilla. No era real.
De reojo miré a Vladimir golpear el rostro de César a puño cerrado.