13. No necesitas a nadie
Fausto.
CDMX.
El bullicio de la gente en sus mejores galas retumbaba por todo el salón. Cañones de confeti metálico estallaron anunciando el Año Nuevo.
Le di otra calada a mi puro mientras observaba todo desde el balcón interino del gran salón: mi fiesta de cumpleaños atrasada, Año Nuevo y la celebración interna tras liberarme de mi padre para siempre.
Dejé el puro en el cenicero de la mesa periquera, me arreglé las mangas de mi elegante traje negro y luego me aparte del balcón al ver a César