Capítulo 60: Ya no se puede confiar en nadie.
La alegría por las festividades se reflejaba en cada rostro, como si el pueblo entero respirara al compás de la música que invitaba a bailar. La plaza, adornada con luces y banderines de colores, bullía de emoción. Una multitud se congregaba, expectante, aguardando la llegada de los artistas que iluminarían la noche con su espectáculo.
Mary e Isabel caminaban entre la gente con una elegancia natural. Dondequiera que iban, atraían las miradas —algunas de admiración, otras cargadas de deseo—. Ped