Juliana agradeció a su hermano por su ayuda. Isabel, aunque también valoraba el gesto generoso de Michael, no podía evitar sentirse incómoda. Extrañaba su casa, su cama, su habitación... extrañaba todo. Pero lo que más la inquietaba era la forma en que Michael la observaba. En su mirada azul había algo extraño, quizás desprecio, tal vez algo más. Para evitarlo, prefería no mirarlo directamente a los ojos.
—Espero que se sientan cómodas —dijo Michael con un tono neutro—. Casi no uso este apartam