SIENNA
El corazón se me apachurra al ver de reojo la expresión de Massimo, como si estuviera diciendo: “te lo debía”. A pesar de que no es muy propio de él dedicar algo parecido a una sonrisa, la comisura izquierda de su boca se eleva.
A mi madre, que está en una silla de ruedas totalmente nueva, parece costarle reconocerme.
— ¡Mamá! —No dudo un segundo en abalanzarme y estrecharla entre mis brazos.
Mi madre, como siempre, posa sus débiles manos sobre mi espalda.
— ¿Por qué el abrazo, signorina