El mismo día
New York
Karina
Desde que entró Rogelio a mi oficina con esa actitud soberbia, sentí que la sangre me hervía. Traté de mantener la calma, de explicar mis razones, pero él se limitaba a interrumpirme con sarcasmos y miradas de superioridad. La tensión en la oficina era insoportable. Mi voz se quebraba entre la impotencia y la rabia, mientras el maldito insistía en desacreditarme.
Podía sentir cómo mi corazón latía demasiado rápido, mi respiración se volvía irregular, y un mareo me nu