La mansión Vance dormía en un silencio profundo, roto solo por el suave murmullo del viento otoñal a través de los jardines y el lejano zumbido de la ciudad. En la madrugada, mucho antes de que el sol asomara por el horizonte, una figura esbelta y decidida emergió sigilosamente de la habitación principal.
Era Isabella, con el teléfono en una mano y la camisa de Vance, aún impregnada de su aroma, cubriendo su cuerpo como una segunda piel. Sus pies descalzos apenas hacían ruido sobre el frío márm