La Casa Blanca, antes el pináculo de la estabilidad, se sentía como un barco a la deriva en un mar embravecido.
La filtración del collar y las "donaciones dudosas" habían desatado un frenesí mediático que Nathaniel Vance, intentaba apaciguar desesperadamente. No había tiempo para la humillación personal; su presidencia pendía de un hilo.
Su primera línea de defensa fue una entrevista especial con Cassandra Ellis, una periodista de investigación conocida por su mordacidad y su habilidad para des