El aire de la tarde se había vuelto gélido, pero el frío en el rostro de Nathaniel Vance no provenía de la brisa, sino del terror y la indignación que lo asaltaban. El cuerpo tembloroso de Clara, la enfermera, se erguía ante él, la personificación viva de la verdad que amenazaba con destrozar su mundo. Los agentes de seguridad se mantenían a una distancia respetuosa, pero sus miradas tensas revelaban la gravedad de la situación.
—Quiero que empieces desde el principio, Clara —exigió, su voz aho