El mundo de Nathaniel Vance se vino abajo. El video, proyectado en la gigantesca pantalla de su sala, era un martillo que golpeaba repetidamente su alma. Las palabras de la enfermera, frágiles, pero cargadas de una revelación devastadora, se clavaban en su corazón como estacas de hielo. La euforia de la noche con Isabella se evaporó, reemplazada por un frío y abrumador terror. Ethan. Su hijo. ¿No era su hijo?
—¡Encuentren a esa mujer! —la voz de Vance resonó en la mansión, un rugido de dolor y