El salón de gala, antes un bastión de la élite, era ahora una escena de caos y devastación. Los gritos de pánico habían sido reemplazados por el sonido de sirenas, el clamor de los medios de comunicación y las órdenes concisas de la policía y los paramédicos. Un helicóptero de noticias sobrevolaba el edificio, su foco de luz añadiendo un dramatismo frío a la tragedia.
Nathaniel Vance fue rodeado casi de inmediato por un equipo de paramédicos. Lo examinaron con rapidez, buscando heridas, pero él