El caos se apoderó del salón.
Siete figuras encapuchadas, armadas hasta los dientes, sembraron el terror. Los disparos al aire resonaron como truenos, silenciando los murmullos y desatando el pánico.
—¡Al suelo! ¡Todos al suelo, ahora! —gritó el líder, su voz distorsionada por el modulador, imponente y brutal.
La gente se arrodilló, empujándose, algunos llorando. Vance, con una mezcla de furia y cálculo frío, también se dejó caer al suelo, escaneando el salón, buscando una oportunidad, una vent