El podio brillaba bajo los focos como un altar de sacrificios en el Salón Este de la Casa Blanca.
Nathaniel Vance se detuvo frente a él, el peso de las cámaras y la expectación del mundo sobre sus hombros. Había tomado la decisión más difícil de su vida, una que cambiaría para siempre el curso de su presidencia y de su existencia. Sus asesores, con David Hayes y Benjamin Carter a la cabeza, lo observaban desde un lateral, sus rostros una mezcla de alivio, aprensión y la certeza de que estaban p