Dos días habían pasado desde el último encuentro con Anastasia. Dos días que se sintieron como dos siglos.
El mundo de Vance era un caos absoluto. La búsqueda de Isabella se había convertido en una operación militar a gran escala que movilizaba a cientos de hombres, pero la tierra parecía habérsela tragado. Cada llamada sin respuesta, cada pista que terminaba en la nada, era un clavo más en el ataúd de su esperanza y de su cordura.
La frustración lo consumía, una ira silenciosa que lo carcomía