El jet privado de Vance aterrizó en una pista de aterrizaje privada en los Estados Unidos, lejos del implacable ojo de la prensa y de las cámaras de televisión. El viaje de regreso, un vuelo fantasma de horas en la oscuridad del cielo nocturno, fue un tormento silencioso y solitario.
La mente de Vance, un torbellino de recuerdos fracturados, navegaba por las aguas turbulentas de conversaciones recientes, traiciones que se sentían tan frescas como heridas abiertas y el fantasma de un pasado que