97. El Reencuentro con Diego
Isidora prácticamente corrió desde la parada del metro hasta el edificio de Diego. Sus tacones resonaban contra el pavimento mientras esquivaba turistas y locales en las calles estrechas de Gràcia. Necesitaba verlo, tocarlo, reconectarse con la realidad que la mantenía anclada después de dos horas en la misma sala que Matteo.
Cuando llegó a su puerta, ni siquiera tuvo que tocar el timbre. Diego la abrió antes de que pudiera sacar sus llaves, como si hubiera estado esperando justo ahí desde que