Mi mundo se detiene. La saliva se me atora en la garganta. Me toma unos segundos volver a respirar mientras pienso en papá. Esa orden cae como una bomba sobre mi pecho. No puedo permitir que lo lastimen. No otra vez.
—¡Espera! —grito antes de que sea demasiado tarde. —Firmaré tu puto papel —siseo entre dientes, el odio burbujeando como lava en mi interior. —Pero deja a mi familia en paz. No toques a nadie más y yo pondré de mi parte.
Él niega lentamente con la cabeza, como si yo fuera una niña