Mi mandíbula cae mientras mis labios se separan con una mezcla de incredulidad y furia.
—¡Estás jodido loco! —escupo. —No voy a participar en ese tipo de disparate estúpido.
Él solo se encoge de hombros con indiferencia.
—No tienes muchas opciones, piccola. —Me recuerda. —Sabes muy bien lo que está en juego. Con solo tocar la pantalla de mi celular puedo mandar a que exterminen una parte de tu familia. Lo demás ya lo sabes, mi diabla.
Extiende su mano para tocarme, pero giro la cabeza antes. Su