Mis músculos se tensan al sentir su toque en mi piel. Su mano es firme e imponente, como si estuviera marcando su dominio sobre mí, como si con ese simple gesto quisiera dejar en claro que no tengo escapatoria.
Pero no soy suya.
No importa cuántas veces repita esa jodida palabra, no importa cuántas veces intente hacerme creer que ya me tiene en la palma de su mano. Porque no me tiene y nunca me tendrá.
—Haz el papel de buena chica esta noche y tal vez te dé un pequeño premio —susurra en mi oído