Savannah Montgomery
El vestidor se sentía como una celda de lujo, pero mi mente estaba en otro lugar. Mis manos temblaban mientras recorría las perchas, mis dedos deslizándose por telas finas hasta que se detuvieron en una pequeña pieza de tela negra. Era un bikini que había comprado hace tiempo, uno que apenas dejaba nada a la imaginación.
La parte superior era apenas una fina tira de tela que, a duras penas, contenía mis senos, dejando gran parte de mi piel expuesta, y la parte inferior era