No le respondí. Me estaba quedando alucinada con lo que estaba oyendo. El niñato tenía respuestas para todo. Como si estuviera predijendo todo lo que le estaba diciendo. Y seguía sin saber qué pensar. ¿En realidad era más listo de lo que parecía? ¿Nos tenía engañados a todos? ¿O era sólo que era tímido y, como había cogido confianza conmigo, se había soltado? Entendía que tenía 17 años y que, a su edad, por más problemas que pudiera tener, ya estaba comenzando a desarrollar ciertas necesidades.