Mundo de ficçãoIniciar sessão
—Tus padres han muertos. —Esas palabras aún me retumban en mi cerebro. Igual que las imágenes de aquel día donde los perdí a ambos y ahora Sarah está a punto de irse.
Suspiro al ver la puerta de Meredith, tocó dos veces antes de verla abrir la puerta. —Hola, Kiara —Me saluda, haciendo me sentir vergüenza, pues nunca antes le había hablado. Entro a su departamento con los pies temblorosos. —¿Podemos hablar? —pregunto en un susurro. —Claro, ¿en qué puedo ayudarte? —pregunta antes de hacer un pequeño silencio y volver a hablar— Lamento lo de tus padres, y lamento que no pude asistir —termina de decir. —Descuida —contesto. —¿Y qué necesitas? —me pregunta con una sonrisa. —Me dijeron que trabajas por dinero —pregunto temblorosa. Ella sonríe. —Querida, todos trabajamos por dinero —contesta. Siento mis mejillas arder de vergüenza. —Lo sé, disculpa… pero escuché que estás con... hombres por dinero —trato de sonar clara y directa. Veo su rostro cambiar; frunce el ceño mientras sus labios se aprietan ligeramente. —Lo que haga con mi vida no es asunto tuyo —contesta, mientras abre la puerta e indica que salga con una de sus manos. —Perdón, no es mi intención que te ofendas. Necesito tu ayuda para entrar a ese mundo —la veo dudar—. Por favor, necesito dinero, mi hermana está muy grave y debo pagar el hospital. —aclaro. —Comprendo tu situación, y te ayudaré en lo que pueda, pero primero antes de ir a la empresa, debes darte un baño. —contesta. Una sonrisa se forma en mis labios, dejando una esperanza instalada. Meredith cierra la puerta de su apartamento, camina hasta su dormitorio y trae con ella diferentes tacones. Me doy un largo baño en su departamento. Luego de unas horas de entrenamiento, me siento más cómoda al caminar con ellos. Mis pies no se acostumbran del todo a los tacones muy altos, pero los medianos son pan comido. —¿Tienes algunas prendas sexys? —pregunta con una sonrisa pícara. —No, lo siento. Mi ropa la compraba mi mamá —respondo con sinceridad. —Descuida —exclama, mientras vuelve a su dormitorio y trae con ella varias prendas de vestir. Al final, decido ponerme una minifalda con una blusa top. Me siento muy expuesta, casi desnuda. —¿No tienes una blusa menos… ya sabes? —indago, mientras siento que mi cuerpo se pone frío. Sonríe de manera cálida. —Claro que sí. —Saca de una bolsa una blusa gris con mangas largas y cuello de tortuga, con piedras blancas en el centro. Junto con la mini azul y unas botas hasta la rodilla del mismo color que la blusa, mi look es encantador. Me miro al espejo mientras ella me hace ondas largas para que mi cabello castaño caiga como cascada en mi espalda. —Terminamos —afirma con una sonrisa. Salimos de su departamento, y no puedo evitar notar las miradas curiosas de los vecinos. Incluso la señora Petra, que según mi madre no veía nada, me mira de forma acusatoria. Nos subimos al auto de Meredith, un auto súper lujoso. En el camino todo es tranquilo. Ella me explica algunas cosas, reglas que debo respetar si quiero entrar y permanecer en la empresa. Nos bajamos en un edificio. Caminamos por el pasillo mientras mujeres de todo tipo —grandes, pequeñas, altas y bajas— se desplazan con glamour. —¿Crees que tu jefa me deje entrar? —pregunto con la voz temblorosa al ver a cada una de esas chicas. —Kiara, eres hermosa. No dudes de tu potencial. Aunque no sepas nada de sexo, eso se aprende —responde con esa sonrisa que me da calma. Entramos en la oficina. En ella, una mujer con el cabello largo y rubio mira por la ventana. Su cuerpo es hermoso. —Lunita, traigo a una chica nueva —exclama Meredith, con entusiasmo en su voz. La chica voltea para vernos al rostro. Mis ojos se abren como platos al ver a la persona cara a cara.






