—Hola, señor, no lo vi, disculpe. —Exclame con la voz temblorosa.
—Descuida, fue un accidente. —Respondio con una voz calmada.
—Lamento lo que pasó ayer, cuando casi, ya sabe. —Mi voz a penas pudo escucharse.
—Tranquila, lo lamento yo, entiendo que los niños corren y en esta ocasión fue igual, no debí perderlo de vista, y lo que dijo tu amiga es real. —Suspiró antes de continuar. —La carretera es para auto, no para los niños correr.
Le di una sonrisa para luego continuar mi camino,