16 Crueldad silenciosa.
—¿De qué hablas? —indago tratando de soltarme, con la respiración inestable, pues el muy desgraciado, me tiene con la mano entre la suya.
—Huiste, embarazada. ¿Crees que no sé qué quieres? —su voz suena diferente, y su mirada es como cuchillos que clavan mi piel.
—Suéltame, no tienes derecho a perseguirme —digo con los dientes apretados, maldiciendo en mi interior.
—Vamos a ir a una clínica privada. Ya la cita está realizada. Quiero que ese niño desaparezca —susurra tan cerca de mí que se