Mundo ficciónIniciar sesiónCamine despacio hacia la cama, abrí la caja, dentro había varios sobres, rebusque uno a uno, en el primero varias identificaciones falsas de mis padres, en el segundo, pasaportes de ellos y en el tercero, tarjetas de créditos. Mis padres no tenían tarjeta según recuerdo, aunque tampoco era que decían mucho.
Continúe abriendo los sobres, en total encontré más de treinta pasaportes e identificación, solo de ellos. _¿Para que querían esto?—Mi mente se hundió en miles de preguntas que no tenían respuesta, continúe buscando para descubrir por lo menos la clave de las tarjetas y ver si tenían dinero. Abrí gavetas una por una, solo para ver la ropa de mamá, abrí el closet, luego de unos largos minutos de búsqueda, encontré un cofre, dentro una libreta, la abrí, y ahí estaba mi salvación, códigos con los números de varias tarjetas, los compare para ver si eran los mismos, y efectivamente, los números en las tarjetas conincidian con los que estaban en la libreta, al lado de cada numeración un codigo de cuatro dígitos. Sonreí de oreja a oreja, no sé el porque mis padres tenían estás tarjetas, ni los pasaportes, ni las identificaciones, pero en estos momentos era lo de menos, necesitaba saldar la deuda. También había varias joyas, se veían costosa, nunca ví a mi madre usarla, cerré el cofre, tome la libreta junto con las tarjetas y me fui a mi habitación. Mis ojos se sentían pesado, mire la hora y ya pasaba de media noche, me quite la ropa, me di un baño con agua caliente, y me quedé en la cama asimilando como había cambiando mi vida en tan solo un mes. Sin darme cuenta, me quedé dormida. Mi despertador sonó como de costumbre, me despierto sintiendo mi cuerpo adolorido, me doy un baño y sin perder tiempo, tomo todas mis cosas, el sobre con el dinero, las tarjetas y la libreta. Me detengo en una tienda cerca del hospital, camino directo al cajero, tomo una de las tarjetas y con la libreta en la mano inserto el código. Busco el saldo para ver qué no tiene nada. —Mierda. —Susurro apretando mis dientes. Sigo insertando cuatro tarjetas más, y todas dicen lo mismo, algunas personas a mi alrededor se quedan mirándome de manera curiosa, decido irme, no quiero que piensen que soy una ladrona o algo parecido. —¿Y si mis padres eran estafadores? ¿y si todas estás tarjetas tienen dueño y la cámara me grabó usando la? —Estas preguntas llegaron a mi mente sin permiso. Acelere el pasó solo de pensar estar detrás de una reja mientras Sarah lucha por su vida. Llegué al hospital, en recepción le pasó el sobre y espero que la chica termine de contar el dinero. —Sabes que esté dinero no cubre ni el cincuenta por ciento de la factura—Exclamo la chica. —Lo sé, pero traeré el resto en cuanto pueda. —Respondi enredando mi lengua. —¿Que tal si te hago un acuerdo de pago? con esto podrás pagar por cuota, una cuota en una semana, y la otra en dos semanas. —Dijo mirándome a los ojos con una sonrisa. —¿Puede hacer eso? —Mi voz sonó como una niña cuando tiene un juguete nuevo. —Claro, pero se te sumarán diez mil más, entonces pagarás la próxima semana cuarenta, y la otra cuarenta más. —Exclamo buscando algunos papeles. —Acepto. —Respondo. Firme los papeles y me dirigí hasta la habitación de Sarah, aún sigue en cuidados intensivos, por lo que no podía entrar a verla directamente, aún así, saber que ella estaba viva era el motor que me mantenía con energía, y haría lo que sea necesario para que continúe mejorando. Me quedé en el lugar por una hora más, hasta que alguien me tocó en el hombro izquierdo. Me gire para ver a la persona. Sonreír al ver que era Meredith. —Pregunté por tu hermana y me dijeron que estaba en este pasillo. Te traje esto. —Señalo un emparedado junto con un café. —Gracias, lo necesitaba. —Respondí. Ella se sentó a mi lado, mientras yo devoraba el emparedado con tantas ganas. —Lunita me contó que pasó.—Dijo de repente, deje de comer para mirarla a los ojos. —Ella te quiere dar otra oportunidad. —Continuo. —¿Enserio? Juro que está vez la voy a aprovechar al máximo. —Exclame tan duro que algunas personas me miraron. —Tranquila, aún así, debes presentarte en la empresa, hay que entrenarte. —Contesto Meredith. —¿Cuando? —pregunte, la curiosidad me tenía nerviosa. —Mientras más rápido mejor. ¿Que tal ahora? —Indagó. Me puse de pie, le di un último vistazo a Sarah, y salí del lugar, necesito reunir por lo menos trescientos mil antes de buscar un trabajo digno. —Pense. Nos subimos al auto de Meredith, mientras el auto marchaba solo podía pensar en que pronto saldré de esta pesadilla, esperar que Sarah se mejore y continúe con sus estudios, no me importa trabajar y abandonar mis sueños de ser abogadas, al final ella es la única familia que me queda. Deje de mirar por la ventana del copiloto para mirar al frente y fue cuando ví un niño correr detrás de una pelota. —MEREDITH FRENAAA. —Grite tan alto como pude.






