Luciano movió un poco sus manos observando el tono rojizo que brotaba en ellas.
Miro a Aurora y ella cerró sus ojos cayendo al suelo.
Su mirada se nubló por completo, ni siquiera podía sostenerla con fuerza, porque esa última imagen de ella se estaba clavando con fuerza en su cerebro.
Él sacó su arma, y sin mediar ni una sola palabra disparó cuatro veces.
Una bala en cada extremidad.
La mirada de Luciano se nubló. El hombre tan solo gritó, al sentir como la bala quemaba su piel.
—Te voy a