El estruendo de los disparos se desvaneció, reemplazado por un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el goteo rítmico de una tubería rota y los jadeos sibilantes de Dante. Luciano se quedó de pie en el centro, observando cómo Aurora se alejaba con el bebé bajo la escolta de Gino. Solo cuando el motor del carro rugió a lo lejos, Luciano permitió que la máscara de frialdad se resquebrajara para revelar el abismo de furia que habitaba en su pecho.
Se giró lentamente hacia Dante. El homb