Aurora abrió los ojos realmente impactada. Sus manos fueron directamente hasta el brazo de Luciano.
—Estás sangrando —dijo tartamudeando—. Estás sangrando.
Él bajó su mirada y chasqueó con la lengua.
—Solo es un rasguño, nada más —respondió con frialdad.
Gino lo observó por el retrovisor, sin perder la vista del camino mientras aceleraba evitando que pudieran alcanzarlos.
—No te preocupes, es solo un rasguño.
—¿Cómo puede ser un simple rasguño? —refutó—. Toca detener el sangrado. ¡Te pued