Aurora abrió los ojos realmente impactada. Sus manos fueron directamente hasta el brazo de Luciano.
—Estás sangrando —dijo tartamudeando—. Estás sangrando.
Él bajó su mirada y chasqueó con la lengua.
—Solo es un rasguño, nada más —respondió con frialdad.
Gino lo observó por el retrovisor, sin perder la vista del camino mientras aceleraba evitando que pudieran alcanzarlos.
—No te preocupes, es solo un rasguño.
—¿Cómo puede ser un simple rasguño? —refutó—. Toca detener el sangrado. ¡Te puedes morir!
Él subió una de sus cejas, el rostro cargado de preocupación de Aurora era mucho mayor al de cualquiera de los hombres que solía acompañarlo.
—Es solo un rasguño —repitió con tranquilidad.
—No entiendes… ese hombre no puede acabar con alguien más de las personas que están a mi lado —dijo con temblor en su voz—. No sé si pueda soportar ver morir a alguien más a manos de ese hombre.
Luciano sintió como su cuerpo perdió todo su peso. Era la primera vez que alguien se preocupaba de esa