Las palabras de Gino comenzaron a hacer eco en la cabeza de Luciano una y otra vez, como si fuera una maldita broma.
Enamorarse sería lo peor que pudiera hacer, exponer de nuevo a alguien que amaba a morir de forma trágica, de manera tortuosa. No podría soportarlo de nuevo, quizás está vez enloquecería de verdad.
Ella mantenía una postura serena, una dulzura que lo inquietaba.
Y es que por más que quisiera ser fuerte y mantener esos pensamientos vagos fuera de él.
—Así que quieres matarlo —dijo con una voz ronca—. No te veo como una asesina. He tenido a muchos asesinos frente a mí y definitivamente tu no pareces ser una de ellas.
—Las personas podemos cambiar dependiendo las circunstancias. Mi vida no ha sido nada fácil y ya es momento de que haga algo para que cambie. Puede que no tenga cara de una, pero estoy convencida que puedo convertirme en la mejor.
Luciano sonreía de medio lado con cada palabra que salía de su boca. Era música para sus oídos.
—Solo quiero que me digas s