Las palabras de Gino comenzaron a hacer eco en la cabeza de Luciano una y otra vez, como si fuera una maldita broma.
Enamorarse sería lo peor que pudiera hacer, exponer de nuevo a alguien que amaba a morir de forma trágica, de manera tortuosa. No podría soportarlo de nuevo, quizás está vez enloquecería de verdad.
Ella mantenía una postura serena, una dulzura que lo inquietaba.
Y es que por más que quisiera ser fuerte y mantener esos pensamientos vagos fuera de él.
—Así que quieres matarlo —