Luciano maldijo, esta situación se le estaba saliendo de control. Necesitaba tenerla en sus manos, necesitaba probarla.
Todo se estaba volviendo una necesidad en cuanto a ella se refería.
Y no le gustaba para nada eso, no quería que ella se convirtiera en una debilidad, eso definitivamente sería un gran problema para él.
Pero debía darle una lección, una con la que ella aprendiera que esa no era la mejor manera de pagar sus deudas.
Salió detrás de ella como alma que lleva el diablo, pero para su sorpresa, no estaba ni siquiera por ahí. Aurora estaba en la barra bebiendo un gran sorbo de agua.
Ver a Dante en el mismo lugar que a ella la había paralizado.
Pero su dignidad parecía ser mayor, y no le daría el gusto a Luciano. Quería volverlo loco, sí obvio que sí, pero no quería cumplir el papel de su mujer… de su esposa.
Eso era algo que no tenía contemplado.
Luciano se ubicó en una de las mesas, y una de las bailarinas comenzó a bailarle.
La mujer bailaba de manera sensual, ofrec