Si ella no es mía, no dejaré que sea tuya.
Dante bebió un poco de su copa mientras observaba una imagen de Aurora frente a él.
Ella se le había convertido en una completa obsesión.
En eso que quería tener para él sin importar las consecuencias. Especialmente ahora que estaba en manos de Luciano, especialmente ahora quería tenerla para él sin importar si ella quería.
Su mano derecha, caminó hasta donde él llevándole su colección de puros para que pudiera deleitarse con uno.
—¿Sabes algo de los hombres que contratamos? —preguntó sin quitar la mirada de la imagen frente a él.
—Lo último que me enteré fue que tenían de rehén a Luciano, a su perro guardián y a la chica.
Dante sonrió con prepotencia, minimizar a Luciano en cualquier escenario posible, era lo mejor que podía hacer.
—Perfecto. Déjales claro que a ella la deben traer viva, no me importa lo que hagan con nosotros. Me encantaría ser yo quien acabé con Luciano con mis propias manos, pero no me opondré sí me traen su cuerpo y lo lanzan aquí frente a mí.
Los dos hom