Después de darse un baño, Luciano llegó hasta su despacho. Ella ya no estaba allí.
Y era mejor así, no quería ningún tipo de afecto ni que ella lo pidiera. Eso sería demasiado.
Sin embargo, no podía negar que lo que había sucedido, no le había pasado con nadie más y ninguna de las mujeres que habían pasado por su cama anteriormente, lo habían dejado así.
Ahora en su cabeza, no podía sacar la imagen llena de nitidez de Aurora debajo de él. De su rostro cargado de placer, de deseo.
Esa imagen que no podía quitarse de la cabeza, que no quería quitarse de su cabeza.
—Algo me hiciste Aurora… algo hiciste conmigo.
Luciano sonrió mientras hablaba solo, con una sonrisa que parecía estar ahí en su rostro sin ganas de irse.
Gino entró interrumpiendo a su jefe, verlo enamorado era algo en el fondo le alegraba, aunque no quería que su jefe sufriera tal como lo había hecho cada persona de su familia. Lo quería como a un hijo, solo quería su bien.
—Señor si me permite, debo decirle algo que ta