Luciano pasó sus dedos por los labios de ella, un gesto demasiado íntimo, y su cuerpo pareció notarlo porque de inmediato reaccionó.
—No sigas haciendo esto… porque después te puedes arrepentir —espetó con voz ronca—. Alístate, tengo una reunión muy importante a la que quiero que asistas. Vas a ir como mi esposa. Y espero que hagas un buen trabajo.
—Claro que lo haré, finalmente estoy agradecida por la manera en la que tratas a mi hermana. Creo que esa es la mejor forma de que trabaje bien con