Las semanas pasaron como suspiros robados en medio del caos. Alessandro y Enzo se volvieron inseparables, aunque a los ojos del mundo todo parecía igual. Nadie sospechaba que el mafioso más temido de Italia y su guardaespaldas compartían más que una vida de peligro: compartían caricias furtivas, risas escondidas, miradas que decían todo sin pronunciar una sola palabra.
Se volvieron novios ocultos, como dos adolescentes atrapados en cuerpos de hombres demasiado curtidos por la vida. El despacho